Los lenguajes formales y el valor que no hace ruido
Quien hace broadcast es escuchado incluso por quien no presta atención. En un mundo de software y datos, los lenguajes formales pesan cada vez más, y nadie se vuelve músico solo hablando.
Voy a explorar el tema sin mucho fundamento, porque es una pregunta que me hago a menudo.
Somos seres sociales y, hasta donde sé, no tenemos una telepatía real. Por bien que “leamos” a otras personas, y por bien que la neurociencia conozca nuestros sesgos, tenemos poca o ninguna capacidad de percibir de verdad el mundo interior de otra persona. Aunque algunas ideas fundamentales de la modernidad vinieron de introvertidos pensando solos, mucho del “valor” en el mundo se construye en el intercambio y en las relaciones.
Broadcast y tesoros
Tenemos atención limitada y un sesgo claro hacia lo más saliente, perceptible, estimulante. Somos primates, particularmente orientados a comportamientos sociales complejos y muy susceptibles al color, a los sonidos intensos y a los gestos. Pensando en grandes números, la mayoría se deja influir más por lo que recibe de forma pasiva que por lo que busca activamente.
En ese sentido, quien hace broadcast termina siendo escuchado incluso por quien no quiere prestar atención, y quien guarda tesoros muchas veces pasa desapercibido, o necesita la atención activa y presente del otro para revelar su verdadero valor.
Si vemos las empresas como organizaciones sostenidas por procesos realizados por agentes humanos (primates sociales y sensibles), los recursos de influencia política, como discursos, gestos y presentaciones, suelen ser la forma más eficaz de adueñarse de un rol, promover una idea o conducir una acción. Y de ser recordado por ello.
El peso de los lenguajes formales
Pero veo que, en un mundo “data-driven”, donde toda empresa se está volviendo una empresa de software, otras formas de lenguaje, en especial los lenguajes formales (matemática, programación, ingeniería de procesos, derecho, contabilidad), se vuelven cada vez más fundamentales para conducir las organizaciones con madurez. Campos tradicionalmente asociados a perfiles introvertidos.
Comunicar ese valor a distintos contextos y niveles de aprendizaje sigue siendo igual de importante, y saber argumentar y convencer siempre será un diferencial. Pero hay una tendencia creciente a reconocer el valor “escondido” en otras formas de comunicación. Introvertido o extrovertido, tímido o carismático, hay que desarrollar la calidad de la comunicación, sea cual sea el medio, y entender dónde está el valor de tu acción en ese contexto.
Nadie se vuelve músico solo hablando
Con los LLM, la idea de que el lenguaje natural y los lenguajes de programación convergerán en una especie de “lenguaje formal natural” ganó fuerza. La idea de que todos seremos programadores razonables solo conversando me parece extraña.
Hasta donde sabemos, los humanos siempre desarrollaron lenguajes formales o estructurados para especializar el conocimiento y la expresividad en un contexto: el derecho, la notación musical, la contabilidad, la matemática, los lenguajes de programación. Sería como decir que alguien se vuelve músico sin hablar ritmo, armonía y melodía, o contador sin saber clasificar ingresos, gastos, depreciación e impuestos.
Es divertido poder consultar el conocimiento colectivo de internet solo preguntando y recibir una respuesta razonable. Ese conocimiento maduró durante generaciones; solo se integró en un sistema nuevo. Para que se vuelva algo útil, también necesitaremos formas de construir conocimiento y comprensión nuevos con él. Y el lenguaje siempre fue nuestra principal herramienta para eso.